viernes, 19 de noviembre de 2010
Alan Mills: La actitud de una itinerancia; en el horizonte: la poesía y la narrativa
Diario de Centro América, viernes 19 de noviembre de 2010
Según dijo el escritor y crítico literario Mario Roberto Morales en una oportunidad, la literatura es quizá el producto más sofisticado que haya producido y sigue produciendo Guatemala hasta la fecha. ¿Compartes esa opinión? ¿Por qué?
Siempre y cuando pensemos en una línea de continuidad que iría desde los textos ancestrales y la escritura de hyperlinks, que aparece en las estelas mayas, hasta la vitalísima literatura de nuestra posmodernidad. Pero decir que algo es lo más sofisticado conlleva ciertos peligros, principalmente el de sentir que lo que hacemos los escritores está por encima de los demás productos culturales del país.
¿Sientes una afinidad generacional con los escritores guatemaltecos contemporáneos tuyos? ¿En qué aspectos existe afinidad? ¿Qué les preocupa? ¿Qué motivos abrazan?
Creo ser el escritor menos representativo de mi generación. Por muy diversas razones, pero sobre todo por mi estado de migración intermitente. No me termino de insertar por completo a la lógica de mis connacionales. Lo que hago es traer excentricidades de mis viajes, las cuales se convierten más tarde en modas y tendencias. Mi trabajo ha sido el de modificar el mapa de lecturas de mi generación. Lo he hecho con verdadera entrega. Lo que a nosotros nos une, quizá, es cierta tendencia a visualizar con cinismo las diversas formas de la performatividad política. Y además no nos preocupa que nos echen la culpa de la situación del país que nos entregaron. Lo nuestro es hacer rompecabezas con los escombros. En términos del tarot, la generación anterior a lo mejor se identificaba con el arcano mayor número 13: Muerte y Transformación. Nosotros, como grupo, estaríamos más cerca del Loco, creo. En mi caso personal me gusta visualizarme más próximo al Creador de Mundos.
¿Por qué el diálogo intergeneracional entre los escritores guatemaltecos se ha vuelto tan dificultoso? ¿No tiene algo que decir una generación a la otra?
Es un problema de lucha por los espacios simbólicos. Aunque en mi caso esto no es tan así, pues mi mayor comunicación creativa la tengo con Rodrigo Rey Rosa, quien no es mi contemporáneo.
El conflicto armado interno es uno de los hitos históricos que más ha impactado el arte en Guatemala, incluyendo la literatura. ¿Qué piensas de la literatura producida durante la guerra? ¿Y de la literatura posconflicto?
La novela de Luis de Lión, El tiempo principia en Xibalbá, es una verdadera obra maestra. También es excelente Los compañeros, de Marco Antonio Flores. Y hubo grandes libros de poesía producidos durante la guerra, como Madre, nosotros también somos historia, o Cariátides. En la literatura posconflicto también ha habido cosas buenas.
¿Crees que, en términos generales, la literatura guatemalteca se abre al erotismo? ¿O es una literatura castrada?
Es muy fácil hablar con generalizaciones, pero me parece evidente que los guatemaltecos padecen en general de una aproximación primitiva y violenta a la sexualidad. El erotismo es todavía una utopía por imaginar.
En tu producción literaria, ¿cómo ves el erotismo?
Desde hace algún tiempo escribo para mejorar mi vida sexual. Tengo un libro, o dos, que funcionan como dispositivos de seducción.
¿Y el erotismo femenino? ¿Crees que es una expresión subversiva en un país conservador y machista?
Ser mujer es subversivo en Guatemala. Ser mujer y escribir es una afrenta a todos los fantasmas del país.
¿Molesta el erotismo femenino expresado en la literatura escrita por mujeres?
¿A quién le molesta un poema? Tenemos la suerte de que el poder no lee en nuestro país. Es una gran ventaja que tenemos por sobre los demás países occidentales.
¿Cómo funciona el humor en tu obra? ¿Podrías hacer algún comentario en relación con el humor en la literatura de tu generación?
Somos herederos de Velorio y de Augusto Monterroso. Por mi parte publiqué ya una micronovela en la que trabajo con el humor negro, en clave de epifanías del dolor y del deseo. Ahora estoy por publicar una nouvelle que es una colección de gags metafísicos. Humor inglés con aderezo tropical. O algo así. Igual no me creas. Lo digo solo para generar expectativa y venderme. Es mi especialidad. Ya sabes que para cualquier iniciativa sin pies ni cabeza, o para cualquier proyecto sin ton ni son, donde haya dinero de por medio, siempre se podrá contar conmigo.
La muerte parece ser omnipresente en Guatemala. ¿Cómo ha impactado esta presencia ominosa en tu obra? ¿Y en la literatura guatemalteca?
Mis primeros libros de poesía intentan reflexionar la muerte con cierta intensidad. Era inevitable, me imagino. La poesía es la representación holográfica de la muerte del lector. El lector muere mientras lee, mientras tiene el libro abierto enfrente de sí. Tampoco hay que olvidar que en toda literatura siempre aparecerá la lucha entre la luz y la oscuridad. Pienso en El señor presidente, pero también en El material humano.
Erotismo, humor y muerte… ¿Cómo funcionan estas tres piezas en el rompecabezas de la literatura guatemalteca?
Ojalá haya cada día más sexo y más felicidad. Es lo que deseo para todas.
¿Es la guatemalteca una literatura con capacidad para la fuga o estamos demasiado cercanos a nuestras crisis sociales e históricas?
Pienso que se debería crear un premio para obras de ciencia ficción rural. Date cuenta de que para evolucionar necesitamos crear el software biogenético que transforme nuestra conciencia. Es decir, libros que imaginen múltiples destinos. Una posibilidad interesante sería ficcionar sobre lo que ocurría en estos territorios antes de la migración por el estrecho de Bering. Eso sí que sería un viaje al futuro.
¿Cómo se escapa la literatura guatemalteca? ¿Qué se esconde bajo la sinuosidad del escape?
Todo libro es un viaje y un escape. Y todo libro esconde uno o varios secretos maravillosos. La literatura guatemalteca está intoxicada de realidad. De lo que se suele imaginar que es la realidad. Necesitamos también becas para desarrolladores de videojuegos.
¿Qué voz no se ha escuchado en la literatura del país?
No les hemos querido preguntar a los niños qué rollo.
Se habla de una literatura del desencanto para referirse a la literatura guatemalteca contemporánea. ¿Qué piensas de ello?
Es una marca muy útil para los académicos. A mí me interesaría más una literatura del encantamiento, pero en términos de hechicería.
martes, 16 de noviembre de 2010
Gerardo Guinea Diez: "El erotismo sigue siendo algo postergado, y lo expresan muy bien las mujeres asesinadas en los últimos años"
Gerardo Guinea Diez entrevistado por Carol Zardetto
Diario de Centro América, 16 de noviembre de 2010
![]() |
Sin duda lo es. Basta ver los índices de desarrollo humano para que uno pueda concluir que en medio de la debacle nacional aún existan personas preocupadas por la cultura. Solo agregaría que no solo es la literatura. Hay que hablar de música, pintura, cine, teatro, entre otros. Y al asunto de la sofisticación hay que agregar el de la calidad. Hay mucha.
¿Sientes una identidad generacional con los escritores guatemaltecos contemporáneos tuyos? ¿Qué los identifica? ¿Qué les preocupa? ¿Qué motivos abrazan?
Ese es un tema complejo. Creo que los de mi generación son pocos, y sin duda tenemos afinidades entre nosotros y tratamos de entender que venimos de una tradición. Es decir, de Asturias, Monteforte, Monterroso, Cardoza, etcétera. Nos identifican cuestiones estéticas y políticas. Las estéticas, tratar de escribir lo mejor posible. Entender que no estamos inventando nada nuevo. Nos preocupa ser honestos (en el sentido literario), no creernos los elegidos.
¿Por qué el diálogo intergeneracional entre los escritores guatemaltecos se ha vuelto tan dificultoso? ¿No tiene algo que decir una generación a la otra?
Por una razón, las generaciones nuevas creen que descubrieron el dadá y no entienden que para romper primero hay que inscribirse dentro de la riquísima tradición literaria del país. Además está la cultura de las patadas bajo la mesa. El ninguneo abunda por doquier y el disparate se puede ver cuando recordamos una frase de Goethe: escritores con su librito particular. Es fácil encontrar los parricidios literarios. Quizá nos falta humildad y más trabajo.
El conflicto armado interno es uno de los hitos históricos que más ha impactado el arte en Guatemala, incluyendo la literatura. ¿Qué piensas de la literatura producida durante la guerra?¿Y de la literatura posconflicto?
Si fechamos la guerra desde el 54, pues años después se produce la gran literatura, la que logró un Nobel, un Príncipe de Asturias, un Juan Rulfo y otros escritores que sin premios lograron una exquisita obra, como Leyva, Illescas, Luis de Lión, Monteforte. O los que alcanzaron una especie de consagración, como Cardoza. Lo que viene después es de otro tipo. Al menos dos corrientes: la que aborda el conflicto directa o elípticamente y quienes se inscriben dentro de la generación del desencanto. Ahora bien, viene una nueva, la que está creciendo lejos de ciertos patrones y dentro unos 10 años tendrá mucho qué ofrecer. Además están los escritores atípicos, Rey Rosa, Halfon, nosotros, que estamos en medio de todo y nada.
¿Crees que, en términos generales, la literatura guatemalteca se abre al erotismo? ¿O es una literatura castrada?
Sin duda se abrió con algunas obras. Sin embargo hay aún cierto prurito con el tema. Los jóvenes abiertamente le apostaron, pero creo que en otra vía que a mi juicio no es erotismo. La dificultad aquí descansa en que la realidad es tan lapidaria, tan monstruosamente cruda, que el erotismo es un tema de segunda mano.
¿Y el erotismo femenino? ¿Crees que es una expresión subversiva en un país fundamentalmente machista? ¿Molesta el erotismo femenino expresado en la literatura escrita por mujeres?
Por supuesto que es una expresión subversiva, lo que sucede es que la corrección política echó a perder todo su potencial. Aún recuerdo que eso del erotismo femenino era una cuestión común en las relaciones, en los barrios populares, (claro, sin obviar la chabacanería machista), pero una relación era menos complicada. No sabría decir si molesta ese tema, pero cuando algo está bien escrito, pues a nadie le incomoda. Las mil y una noche es el mejor ejemplo. O de pronto aquella novela El perfume de Suskind (perdón, pero no estoy seguro de cómo se escribe). Aunque el erotismo sigue siendo algo postergado, y algo que lo expresa muy bien son las más de 5,000 mujeres asesinadas en los últimos años o las 10,000 durante los años de la guerra. Por ello he escrito una novela sobre ese tema, que a pesar de ser tan horripilante tiene altas dosis de erotismo en el sentido de la libertad.
¿Cómo funciona el humor en tu obra? ¿Podrías hacer algún comentario en relación con el humor en la literatura de tu generación?
Casi en toda mis novelas está presente el humor, incluso en la más cruda, como El árbol de Adán. Por ejemplo, en Calamadres, una de las personajes se llama Marylin Monroy.
Erotismo, humor y muerte… ¿Cómo funcionan estas tres piezas en el rompecabezas de la literatura guatemalteca?
Pues son parte de la carpintería narrativa. Erotismo como una reivindicación, humor como una manera de resistir y muerte como un sello de la terrible construcción social del país.
¿Es la guatemalteca una literatura con capacidad para la fuga o estamos demasiado cercanos a nuestras crisis sociales e históricas? ¿Podemos ser universales?
Creo que las fugas no siempre funcionan, sobre todo cuando pensamos que así vamos a escribir la gran obra. Si te fijas en las grandes obras de la literatura universal —raras excepciones—, están sustentadas en lo nacional, pero su escritura y su fuerza es tan sólida que encarnan valores universales: Guerra y paz, El señor presidente, La muerte de Artemio Cruz, Cien años de soledad, Conversación en la catedral, etcétera. De igual modo están Faulkner, Rulfo, Cortázar, Piglia; en poesía, Paz, Carver, José Emilio Pacheco, Gelman, Szymborska.
¿Cómo se escapa la literatura guatemalteca? ¿Qué se esconde bajo la sinuosidad del escape?
Quizá su resistencia a verse en el espejo de lo que somos. Tal vez un territorio que atenaza demasiado y en la huida intenta construir otro imaginario, otra vida.
¿Existen voces nuevas en Guatemala? ¿Qué voz no se ha escuchado en la literatura del país?
Bueno, los últimos 15 años, al menos, es impresionante la cantidad de nuevas voces, unas buenas, otras menores, solo el tiempo irá decantando. Pero el boom es impresionante. Creo que lo publicado ya supera mucho de lo que se publicó en décadas anteriores. Además está el hecho de la recuperación de varios escritores muertos durante la guerra. Es significativo el surgimiento de escritoras, muchas de ellas alejadas de esa estética decimonónica y muy enfrentadas consigo mismas y con los tabúes que nos aprisionan. De pronto las voces que menos se han escuchado son las de los indígenas. Sin embargo hay cuatro o cinco voces muy potentes.
¿Hacia dónde va la literatura guatemalteca contemporánea? ¿Tiene esperanza?
Adónde va no lo sé, pero si lees detenidamente los periódicos no hay semana que no salga una novedad literaria. Cierto, más en poesía que narrativa, pero salen. Habrá entre 20 y 30 escritores que tienen presencia internacional. Unos más que otros, es cierto, pero la tienen de distintos modos. La gran tragedia de la literatura guatemalteca es que la mayoría de escritores no tenemos agentes. Por lo mismo estamos condenados a cierta marginalidad centroamericana. Si hay esperanza, creo que nadie escribe para tener esperanza. Alguien dijo que el éxito es para los cantantes. Como sea, somos el país centroamericano que más está editando, que con editoriales pequeñas y marginales ha sacado la gran tarea de estos años. Falta superar el provincialismo, los egos inflamados, falta construir una tradición de crítica literaria.
sábado, 13 de noviembre de 2010
Un sueño agradable: la poesía completa de Marco Antonio Flores
En el 2006 Marco Antonio Flores recibió el Premio Nacional de Literatura “Miguel Ángel Asturias”. Para entonces, a Marco Antonio ya le habíamos publicado “En el filo” y teníamos en proceso la edición conmemorativa, 30 años, de “Los compañeros”.
Como parte de todas las actividades relacionadas con el premio fuimos invitados a un programa de radio, él más que yo, en una emisora de la zona 15, uno de los escasos programas dedicado a temas culturales. Al finalizar la entrevista conversamos con Marco Antonio sobre proyectos futuros y fue entonces que le propuse hacer una edición de su poesía completa. Al poco tiempo, en febrero del 2007, firmamos el contrato.
Pero como F&G Editores no es una editorial a la que le abunden los quetzales y la “Poesía completa” es un libro voluminoso y por lo tanto caro de producir, el mismo se demoró casi cuatro años en salir a luz. Recién el lunes 8 de noviembre recibimos los primeros ejemplares de la imprenta, que de inmediato tomaron rumbo: uno para amazon.com, uno para Beatriz Cortez en Los Angeles, cuatro para el autor, cuatro para Sophos y el resto para la Feria del Libro de Guadajalara en donde el libro se estará presentando el martes 30 de noviembre a las 7 de la tarde (o noche según la especie animal a que se pertenezca). En Guatemala se presentará en enero del 201l.
En el prólogo a “Poesía completa” dice Marco Antonio Flores:
“La vida es un transcurrir por la realidad, es un periodo de tiempo que tiene los años contados, es asumir compromisos con la forma que uno escogió para vivir.
Hay que sobrevivir hasta que se quiera o hasta que se pueda. En tanto el tiempo transcurre monótonamente entre actividades a su vez monótonas o apasionantes, entre actividades que tienen que ver con la realidad objetiva, como comer, dormir, ir al trabajo, por lo general el mismo toda la vida, hasta que ésta se acaba.
Yo escogí otra vida; la realidad la enfrenté haciendo diversas tareas para sobrevivir: fui maestro universitario, corrector de pruebas y de estilo, director de teatro, editor de revistas y libros, novelista, periodista, columnista, exiliado, coordinador de talleres literarios, y otro montón de cosas.
Pero sobre todo, viví de y en dos sueños: la utopía de cambiar el mundo y la poesía.
Pero los sueños se acaban y uno despierta con mal sabor de boca. De mi utopía desperté así. Pero de la poesía desperté agradecido y pleno.
Aquí, en sus manos, está ese sueño agradable.”
El “sueño agradable” de Marco Antonio Flores incluye los siguientes libros de poesía: “La voz acumulada”, “Viento norte”, “Muros de luz”, “La derrota”, “Crónica de los años de fuego”, “Persistencia de la memoria”, “Un ciego fuego en el alma” y “La estación del crepúsculo”. Y para hacer el sueño aún más agradable el libro es el primero en ser publicado de la colección “Biblioteca Guatemala” (aunque no el primero de la colección) que estará dedicada a lo que según nuestro entender son libros indispensables y fundamentales para entender Guatemala y los guatemaltecos.
Y como esto lo estoy escribiendo el 13 de noviembre de 2010, 50 años después del levantamiento militar del 13 de noviembre en 1960, les comparto un fragmento del poema “La guerra” del libro “Crónica de los años de fuego”.
“Y se fue toda la plebe, en puño, contentos
para el monte, porque no era cosa de andar toda la vida
soportando a los chafas:
ahí iban el Yon Sosa y el Turcios y el Pascual
y el Coche Vides y el Efigenio y el Lacho Flores y el Rocael
y el Payeras y el Botzoc y toda la bola de muchachos
que se arrimaron a otros en la sierra de las Minas, en
las montañas del Mico y del Merendón, en Izabal, en Teculután,
en Zacapa, en Rabinal, y se abrieron las veredas y los trillos
con el corvo, y se hicieron los buzones para enterrar las armas
y el bastimento y las hachas para el combate y las botas
y el sudor de los hombres.
Y ya se ajustaron veintiún años de echar punta y ya se han
muerto todos los de entonces y son los mismos
en otras caras en otras voces y en las mismas ganas de seguir
volándoles barniz a los criminales
que siguen destrozando los poblados.”
viernes, 5 de noviembre de 2010
"El erotismo está tan presente como la muerte", Carol Zardetto entrevista a Denise Phé-Funchal
Comparto la entrevista que Carol Zardetto le hizo a Denise Phé-Funchal y que se publicó el viernes 5 de octubre de 2010 en el Diario de Centro América.
¿Sientes una identidad generacional con los escritores guatemaltecos contemporáneos tuyos? ¿Qué los identifica? ¿Qué les preocupa? ¿Qué motivos abrazan?
Quizá, y en todo caso me animaría a hablar de quienes crecimos en la ciudad, estuvimos expuestos a más o menos las mismas influencias. La guerra, el cambio hacia un sistema democrático, el embate de la cultura gringa a través de la televisión –con el cable especialmente– y la música, las mismas caricaturas y telenovelas, el crecimiento de las iglesias evangélicas, el aparecimiento del VIH, cambios importantes en los roles de género, los primeros centros comerciales… más o menos podríamos decir que fuimos testigos y receptores de un mundo que cambiaba, un mundo en el que las ideologías morían, o al menos se transformaban, en el que las causas se multiplicaron y los juegos políticos cambiaron. Fuimos testigos, de alguna manera, del desencanto y de la magnificación de las apariencias, es decir, de este juego perverso en el que, por un lado, vivimos en un sistema político que no funciona y en una realidad que se vuelve cada vez más violenta pero que, por el otro lado, nos ofrece, para todo el que quiera o pueda costearlo, la felicidad a través de lo material. Más ahora que en cualquier otro momento de la historia. A nivel local, pues crecimos con gobiernos democráticos, que son todo, menos eso. A diferencia de otras generaciones, lo político no se convirtió en una preocupación, al menos no por el lado de la militancia, pero ciertamente es un tema quizá general entre la generación a la que pertenezco. No lo político como práctica, sino las consecuencias de lo político, las consecuencias en la realidad social.
¿Por qué el diálogo intergeneracional entre los escritores guatemaltecos se ha vuelto tan dificultoso?
Las ideas de la felicidad, del mundo, de lo humano, de lo correcto, de lo justo, de lo social, cambiaron. Somos aquellos que se supone somos más libres, que no debemos luchar por obtener esa libertad u obtener derechos. Crecimos en esa apertura y quizá hemos perdido algo que para las generaciones anteriores fue esencial: la ideología y la práctica política. Quizá de esto nazca una especie de rechazo entre generaciones o al menos forma un campo magnético, podríamos decir, que hace que la relación y el diálogo sean difíciles. Quizá las generaciones anteriores nos ven como una partida de irresponsables en materia de política y quizá lo somos. Y como contraparte de esto es posible que los de ahora los veamos como seres dogmáticos, a veces monotemáticos, y quizá lo sean. El ritmo al cual se mueve y cambia el mundo es parte de esta separación, y las cosas que tienen que decirse no se dicen, no se escuchan, no se buscan. El silencio, casi generalizado, entre generaciones es algo de lo que son responsables los dos lados.
El conflicto armado interno es uno de los hitos históricos que más ha impactado el arte en Guatemala, incluyendo la literatura. ¿Qué piensas de esta afirmación?
Mucho de lo escrito en Guatemala está ligado al conflicto armado. Hay cuentos, novelas, poemas que lo toman como tema. Muchos escritores guatemaltecos, que lo vivieron y que no lo vivieron, lo han trabajado a profundidad. Aún queda mucho que decir y seguramente será un tema que tengan en común varias generaciones de escritores. Hay quienes han escrito sobre este desde una experiencia personal y otros a través de relatos de terceros, o del imaginarse lo que pasaba, lo que podía ser dicho o vivido. La guerra es un tema eterno, es donde juegan las pasiones humanas. Por eso es tan atractivo.
Tu generación literaria ¿se encuentra distante de la historia de Guatemala? ¿Se trata de una generación a-histórica?
Uy no, al contrario. En lo personal me gusta pensar que somos una generación informada, o que al menos tiene a su alcance mucha información, y esto permite que podamos construir una versión de la historia pasada, pero que también podamos describir la historia que se genera en el día a día. Somos narradores de lo cotidiano. En este sentido podría decirse que todo escritor es a-histórico cuando escribe sobre su época, cuando la describe, o cuando imagina lo que pasará.
¿Está presente el erotismo en tu obra?
Sí, el erotismo es parte de lo que escribo. No como tema principal, pero sí como parte de una trama o de una historia, cuando lo requiere. Está tan presente como presente está la muerte, el amor, la maldad, la empatía, la locura, el desencanto.
¿Crees que, en términos generales, la literatura guatemalteca se abre al erotismo? ¿O es una literatura castrada?
Vaya, esta es una pregunta complicada. Hummmm… creo que el erotismo ha estado presente siempre, explícitamente o no, a través de la descripción directa o a través de los silencios en las obras, de lo que se critica –desde el autor o del personaje– sobre tal o cual acto considerado erótico. Por otro lado, creo que el sexo, quizá más que el erotismo, sí está presente en las obras de los escritores contemporáneos. Pero creo importante mencionar que la descripción y enfoque de los actos sexuales o de los actos eróticos en la literatura están mediados por la forma como el autor ve –y quizá vive– la sexualidad y según los personajes o las historias lo requieran. La literatura no es castrada. Quizá lo que la caracterice actualmente es que plasma una imagen más cruda, y tal vez más real y menos romantizada, de las relaciones sexuales.
¿Y el erotismo femenino? ¿Crees que es una expresión subversiva en un país fundamentalmente machista? ¿Molesta el erotismo femenino en la literatura escrita por mujeres?
Uyyyy, vaya pregunta, jajajajaja…. Mirá, por experiencia puedo decirte que, más que ser visto como un acto subversivo, es visto con morbo, con curiosidad. Quizá quienes lo sienten subversivo sea la población más vieja, que de verdad, por cultura y crianza, consideren la sexualidad de las mujeres como algo de lo que no hay que hablar. Pero esto no es tan común entre los más jóvenes, al menos no entre el círculo de escritores y lectores.
¿Cómo funciona el humor en tu obra? ¿Crees que puedes hacer algún comentario en relación con el humor de tu generación literaria?
Como humor negro, bastante perverso, y más a través de la poesía que de la narrativa. Más que usar el chiste directo, me río de la condición humana. En cuanto a mi generación literaria, creo que, como en lo demás, somos una generación diversa, que se ríe cada uno a su modo de lo que ve. Algunos usan el humor directo para hacer reír a sus lectores, y otros, humores más sutiles, más negros o más dulces e inocentes.
La muerte violenta parece ser omnipresente en Guatemala. ¿Cómo ha impactado esta presencia ominosa en tu obra? ¿En la literatura guatemalteca?
No plasmo directamente las muertes de camionetas, las balaceras, los aún presentes crímenes políticos. Me voy más a la muerte violenta que no se ve todos los días, a la que sucede en espacios más cerrados, más privados, que no aparece tanto en los medios de comunicación, la que quizá no vende. Es imposible escapar de ella. Sobre ella se escribe en países mucho más seguros y tranquilos. Lo que pasa es que acá tenemos exceso de ejemplos, sobredosis de inspiración.
¿Es la guatemalteca una literatura con capacidad para la fuga? O bien, ¿estamos demasiado cerca de nuestra historia y crisis sociales?
¡Claro que tiene capacidad para la fuga! Para dos tipos de fuga. Primero, para hablar y pensar en cosas distintas a lo que sucede en el día a día, en nuestras crisis sociales y las historias particulares –o historia– que forjamos como pueblo. Existe la capacidad de crear fuera de las crisis y la historia. De lo que no podemos escapar es de lo humano, de sus pasiones, y eso hace que pueda darse la fuga en el segundo sentido, en el de que algunos escritores locales o conocidos en Guatemala nada más puedan en algún momento fugarse de esta realidad, del país si lo querés ver así. Quizá darse cuenta de que el ser humano es lo mismo en todas partes. Más o menos crudo, pero el mismo. Lograr transmitir eso, esa humanidad de lo local, puede ser la clave para la fuga definitiva.
¿Cómo se escapa la literatura guatemalteca? ¿Qué se esconde bajo la sinuosidad del escape?
¿De la realidad general y las crisis locales? Se escapa hablando de lo cotidiano… y al revés… Y ¿qué se esconde bajo el escape…? No creo que sea cobardía ni irresponsabilidad social ni nada por el estilo… Bajo el escape se esconde el autor. Sus intereses y manera de ver la vida, de vivirla, sus miedos y su forma de lidiar con ellos. Bajo el escape se esconde la literatura.
¿Qué voz no se ha escuchado en la literatura guatemalteca? ¿La de la mujer?
Creo que lo que se ha escuchado es la voz de quienes escriben y que han tenido la oportunidad de publicar, sea cual sea su sexo biológico, su adscripción política o su procedencia étnica. Y la publicación tiene por lo menos tres modalidades en el país: artesanal, autopublicación o, si tenés suerte, lográs que una editorial te haga caso. Pero es complicado, a pesar de que en números pueda haber crecido un poco la producción y que se haya dado una apertura a representantes de grupos de población. No hay que olvidar que vivimos en un país de no lectores y, por lo tanto, de sordos, en el cual la publicación no es siempre un negocio rentable. Eso sí, la mayoría de publicaciones en Guatemala son de literatura masculina, para llamarla un poco parecido a como se llama a lo escrito por mujeres. Quizá hay menos interés por parte de las editoriales, quizá son menos las mujeres que se acercan a estas, o quizá es que te toca hacer cola detrás de los hombres.
¿Ven los jóvenes escritores esperanza en la literatura guatemalteca contemporánea?
Somos una generación de desencanto, y creo que es bajo ese desencanto que transmitimos –deliberadamente o no– la esperanza. Más que dar discursos sobre el debería, plasmamos lo absurdo, lo violento, lo crudo de la realidad política y social que como seres humanos forjamos. Quizá esperando, quizá no, que esto sacuda a la gente, al menos a la poca gente que lee.
domingo, 31 de octubre de 2010
"Erotismo, humor y muerte", Entrevista de Carol Zardetto a Mario Roberto Morales

Según dijiste en una oportunidad, la literatura es quizá el producto más sofisticado que haya producido y sigue produciendo Guatemala hasta la fecha. ¿Me podrías explicar por qué?
Porque aquí se produjeron los más importantes textos precolombinos, incluido el único que no pasó por la censura eclesiástica colonial: el Rabinal Achí. Aquí se produjo la obra poética cumbre de la criollez colonial: la Rusticatio Mexicana, de Rafael Landívar. De acá es el segundo gran novelista de Hispanoamérica: José Milla y Vidaurre, con sus novelas histórico-románticas criollas. El romanticismo poético produjo aquí a José Batres Montúfar y a Juan Diéguez Olaverri. El Modernismo originó aquí el prodigio de la prosa de Enrique Gómez Carrillo y Rafael Arévalo Martínez, dos cumbres de esa estética preciosista y ensimismada que revolucionó la lengua castellana y su literatura. En cuanto a las vanguardias, acá surgieron cumbres de la experimentación lingüística como Luis Cardoza y Aragón y Miguel Ángel Asturias. Y escritores posmodernos avant la lettre como Augusto Monterroso y el poeta Carlos Illescas. Igualmente, la novela del realismo social tuvo exponentes célebres como Virgilio Rodríguez Macal y Mario Monteforte Toledo, una tradición que culmina en narradores como Raúl Carrillo y Carlos Navarrete, y que tiene su equivalente poético en el Grupo Saker-ti. Aquí se inventó también la llamada poesía revolucionaria, con Otto René Castillo. Y nuestro país se adelantó al resto de Centro América inaugurando las estéticas de la llamada nueva novela o novela del lenguaje en los años 70, con Marco Antonio Flores, Luis de Lión y mis novelas, y la poesía dio un giro hacia la posmodernidad con Ana María Rodas, Manuel José Arce y Roberto Obregón. En la actualidad, una intensa actividad literaria centrífuga tiene lugar, de la cual en unos diez años podremos hablar con propiedad y responsabilidad crítica. En síntesis, el producto literario guatemalteco es mucho mejor que su café, su cardamomo, sus bananos y su azúcar.
¿Sientes una identidad generacional con los escritores guatemaltecos contemporáneos tuyos?
Mi grupo literario estuvo integrado por Luis de Lión, Marco Antonio Flores, Luis Eduardo Rivera y Enrique Noriega. En los 70 nos preocupaba escribir a la altura del resto de América Latina, lo cual implicaba desembarazarnos del indigenismo y los criollismos, y todos lo logramos. Pero nos dispersaron la guerra y las diferencias por posturas ideológicas de izquierda, las cuales enmascaraban conflictos personales.
¿Por qué el diálogo intergeneracional entre los escritores guatemaltecos se ha vuelto tan dificultoso?
Debido a la falta de formación intelectual, los escritores locales son como los toreros espontáneos que se lanzan al ruedo confiando en lo que perciben como su genialidad y talento extremos. Esa ingenuidad los hace soñar con ser rupturistas, como si se pudiera romper con la generación anterior solo porque uno siente que negando lo anterior se afirma como algo distinto y nuevo. Una ruptura se da por necesidad histórica. Aquí se dio una en los años 70, debido a que las condiciones históricas lo exigían y hubo artistas capaces de realizarla. Por ejemplo, Hugo Carrillo y Manuel José Arce en el teatro, Jorge Sarmientos y Joaquín Orellana en la música, Roberto Obregón, Ana María Rodas y Manuel José Arce en la poesía, el Grupo Vértebra, Luis Díaz y otros en la pintura, y Luis de Lión, Marco Antonio Flores y yo en la novela. Desde entonces no ha habido otro movimiento cultural de todas las artes, quizá debido a la violenta represión de la contrainsurgencia. Nosotros no pudimos comunicarnos con la generación precedente porque esta se hallaba en el exilio. De alguna manera ocurrió algo parecido a la generación que nos sigue a nosotros. Y ahora, los artistas y escritores han sido contaminados por el neoliberalismo cultural y viven sumidos en preocupaciones que tienen que ver más con modas literarias y artísticas y con mecanismos para ubicarse en el mercado de bienes simbólicos, que con la preocupación por la calidad estética de su obra. Esto es algo que solo se puede corregir mediante la convergencia en un movimiento político que haga reflexionar a todos sobre las necesidades estéticas que tiene un país cuya ciudadanía busca transformarlo. Entonces podrá ocurrir otra ruptura artística.
El conflicto armado interno es uno de los hitos históricos que más ha impactado el arte en Guatemala, incluyendo la literatura. ¿Qué piensas de la literatura producida durante la guerra y de la literatura posconflicto?
El conflicto armado forjó toda una expresión literaria que a estas alturas es imprescindible para comprender el país. Además de la poesía revolucionaria, hay una respetable producción novelística, ensayística y testimonial sobre el asunto, la cual se preocupó también de la dimensión estética de su lenguaje. En cuanto a la literatura posconflicto existen dos vertientes: los escritores que se dan cuenta de que las consecuencias del conflicto armado afectan a su generación y logran ver el hilo histórico, y quienes, con una postura nacida de la necesidad de figurar mediáticamente, se perciben como ahistóricos. Estos últimos niegan a la generación del conflicto bajo la dudosa razón de que la guerra no sirvió para nada. Nos acusan de panfletarios, sin detenerse a reflexionar que las novelas de ese período histórico son más subjetivas que políticas. E insisten en desarrollar temáticas individualistas, ensimismadas y de cuatro paredes.
En tu producción literaria, ¿cómo ves el erotismo?
Es algo básico y que está siempre presente, tanto en mi narrativa (por ejemplo, en El esplendor de la pirámide y en El ángel de la retaguardia) como en mi poesía (Epigramas de seducción) y en mis ensayos (Ética de la seducción). En mi novela más reciente, Jinetes en el cielo, es un eje primordial de la historia. El erotismo en la literatura expresa el pálpito de la vida y también la fascinación por la muerte y la autodestrucción. Eso es la sexualidad.
¿Y el erotismo femenino? ¿Crees que es una expresión subversiva en un país fundamentalmente machista?
Es subversiva para los mojigatos, a los cuales vale más ignorar que tratar de escandalizar. El erotis-mo femenino es tan hermoso como el masculino. Aunque, debido a los financiamientos corporativos transnacionales para las luchas feministas, se ha vuelto moda y suele caer en excesos que lo vuelven retórico. Un feminismo sin estridencias, como el de Luz Méndez de la Vega, es mucho más eficaz que los efectismos deliberados de los erotismos agresivos de las feministas antimasculinas. Además, el machismo nuestro es tan obviamente torpe, cursi y ridículo que resulta una pérdida de tiempo evidenciarlo.
¿Cómo funciona el humor en tu obra y en la literatura guatemalteca?
Yo no puedo vivir sin mi sentido del humor. Por eso escribo epigramas y sátiras (muchos de mis artículos periodísticos son sátiras), y en mis novelas siempre hay un distanciamiento que me permite burlarme de mis personajes y de mí mismo de muchas maneras. El sentido del humor de mi generación era negro, ácido y agresivo. Ahora se ha vuelto más distanciadamente irónico y sarcástico. En toda la poesía de Otto René Castillo no hay un solo verso humorístico; todo es solemne y serio. Castillo marxistizó románticamente su catolicismo culposo y su vocación cristiana de mártir, hecho que expresa el enorme peso muerto que todavía tiene la Capitanía General en nuestro mecapal ideológico (colonial y servil) hasta la fecha. Mi generación (que viene después de la de Castillo) fue más optimista y menos necrófila, tal vez por nuestra adhesión al rock and roll y a la cultura juvenilista de los años 60, que ya sorprendió a la generación anterior en el umbral de la adultez. Pero, en general, tanto el humor de entonces como el de ahora sigue siendo negro, sexista y racista, como corresponde a un país oligárquico y militarizado. El sentido del humor chapín es tan suicida como caníbal.
La muerte parece ser omnipresente en Guatemala. ¿Cómo ha impactado esta presencia ominosa en tu obra?
La muerte violenta es la que nos acosa. Lo que hay aquí es una violencia intensa que está presente en la literatura de los 30 para acá, sobre todo en la que se escribe después de 1954, año del truncamiento del proceso de modernización política y económica del país. Esa es su causa moderna.
¿Es la guatemalteca una literatura con vigor universal o estamos demasiado cercanos a nuestras crisis sociales e históricas?
Un escritor es universal en la medida en que sea capaz de llevar lo local a una comprensión general. Hay casos de literatura guatemalteca local que son imprescindibles para el país, como las novelas de Rodríguez Macal, Flavio Herrera y Monteforte Toledo, pero que no alcanzan mayores públicos internacionales. En cambio, las novelas de Asturias son plenamente universales precisamente por ser tan intensamente locales. Y las sátiras (llamadas fábulas) de Monterroso son universales gracias a la denodada lucha de este escritor por entender el sinsentido de su entorno local. Si se es sincero, se puede llegar a transmitir lo local en clave universal.
¿Cómo se escapa la literatura guatemalteca? ¿Qué se esconde bajo la sinuosidad del escape?
Actualmente se escapa de sí misma como expresión de lo social-concreto, en aras de insertarse en modas literarias que puedan llevar al mercado editorial y al éxito de ventas. Así se escapan de sí mismas todas las literaturas en esta era posmo.
FIL
La Feria
Internacional del Libro en Guadalajara
La FIL es la reunión editorial más importante de Iberoamérica. Fue fundada hace 24 años por la Universidad de Guadalajara. En la FIL participan autores de todos los continentes y de diferentes lenguas, y es también un espacio para la discusión académica de los grandes temas que cruzan nuestra actualidad. Este año, la FIL ha invitado a tres escritores guatemaltecos para participar en la mesa de discusión: Erotismo, humor y muerte: Líneas de fuga en la literatura guatemalteca contemporánea, organizada de manera conjunta con la editoral F&G de Guatemala, con la participación de Marco Antonio Flores (Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias 2006), Carol Zardetto (Premio Centroamericano de Novela Mario Monteforte Toledo 2004) y Arturo Arias (Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias 2008).
Según Carol Zardetto, “para enriquecer mi participación en Guadalajara pensé entrevistar a los escritores guatemaltecos sobre nuestra literatura. Así nació este proyecto: publicar las entrevistas de varios escritores guatemaltecos para organizar, al final, una mesa de discusión sobre el tema. A mi juicio resulta importante escuchar y comentar los diversos puntos de vista y criterios para formarse un panorama”.
Publicado en el Diario de Centro América el viernes 29 de octubre de 2010.
lunes, 25 de octubre de 2010
FIL Guadalajara 2010
Según el catálogo de expositores este año habrá participación de editoriales de Guatemala, Nicaragua y Costa Rica. De parte de F&G Editores tendremos una muestra de 18 editoriales guatemaltecas (stand NN2).
Este año, además, le daremos continuidad a nuestra presencia con autores y lanzamientos de libros. Contaremos con la presencia de Marco Antonio Flores, Arturo Arias, Carol Zardetto, Javier Mosquera Saravia, Beatriz Cortez y María Odette Canivell.
Un espacio relevante en nuestra agenda en Guadalajara lo tendrá la mesa de discusión "Erotismo, humor y muerte: Líneas de fuga en la literatura guatemalteca contemporánea", organizada de manera conjunta con la FIL y en la que participarán Marco Antonio Flores (Premio Nacional de Literatura "Miguel Angel Asturias" 2006), Carol Zardetto (Premio Centroamericano de Novela "Mario Monteforte Toledo" 2004) y Arturo Arias (Premio Nacional de Literatura "Miguel Angel Asturias" 2008); será el miércoles 1 de diciembre, de 19:00 a 20:50 horas en el Salón Alfredo R. Placencia, planta alta / Expo Guadalajara.
Además estaremos realizando el lanzamiento de cinco títulos: los tomos I y II de la serie "Hacia una historia de las literaturas centroamericanas", "Estética del cinismo: pasión y desencanto en la literatura centroamericana de posguerra" de Beatriz Cortez, "Arias de don Giovanni" de Arturo Arias, y "Poesía completa" de Marco Antonio Flores, número dos de nuestra nueva colección "Biblioteca Guatemala". Los detalles de las actividades están en:
Y aprovechando nuestra estadía en Guadalajara estaremos realizando la presentación en CIESAS del libro "El movimiento maya en la década después de la paz (1997-2007)" compilado por Santiago Bastos Amigo y Roddy Brett. Actividad que se realizará el viernes 26 de noviembre, a las 19:00 horas en CIESAS Occidente, Av. España × 1359, Col. Moderna, Guadalajara, Jalisco.
Una agenda relativamente grande para una editorial tan pequeña como F&G Editores pero que está batallando por dar a conocer fuera de las fronteras nacionales la literatura centroamericana.
A quienes nos puedan acompañar, los esperamos.
lunes, 11 de octubre de 2010
Puerta 8
El miércoles 13 de octubre F&G Editores estará realizando la presentación del libro "La posibilidad de Miia Hakala", obra del español Alberto Torres Blandina y que en el año 2007 ganara el premio "Las dos orillas" del Salón del Libro Iberoamericano de Gijón.
"La posibilidad de Miia Hakala" inicia una nueva colección de F&G Editores: Puerta 8. Y como ni el nombre en sí mismo dice mayor cosa, y tampoco el libro tiene ninguna explicación de por qué tal nombre, pues no han faltado amigos que nos hayan preguntado por qué Puerta 8...
Desde hace más o menos unos dos años estamos trabajando por convertir a F&G Editores en una editorial centroamericana, y tratar así de llenar un vacío en la región. Centroamericana en tres direcciones: autores, temas y distribución. Autores y temas es relativamente sencillo y la limitación deriva de la siempre limitada capacidad financiera de la editorial que resulta escasa para poder publicar aunque sea una mínima parte de lo que se está escribiendo en Centroamérica. La distribución es, esa sí, complicada, pero estamos tratando de que los libros circulen en la región.
Desde esa perspectiva, entonces, F&G Editores, tiene siete puertas, una para cada país de la región. Pero, los peros abundan, de manera regular nos llegan propuestas de autores de fuera de Centroamérica, e invariablemente nuestra respuesta ha sido "sólo estamos publicando autores centroamericanos".
"La posibilidad de Miia Hakala" nos ha dado la oportunidad de abrir una nueva puerta, destinada a recibir a autores de otras partes del mundo. Por la Puerta 8 queremos que entre a Centroamérica literatura que las transnacionales del libro jamás van a hacer circular en la región (de hecho ni siquiera circulan en la región los autores que estas transnacionales publican "regionalmente"). Como suele suceder en editoriales pequeñas la Puerta 8 es muy estrecha, tal vez con uno o dos títulos por año, pero por ella esperamos que entren autores no conocidos en Centroamérica, que vengan de América del Sur, América del Norte, Europa Oriental, Asia, África...



