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viernes, 5 de noviembre de 2010

"El erotismo está tan presente como la muerte", Carol Zardetto entrevista a Denise Phé-Funchal

Comparto la entrevista que Carol Zardetto le hizo a Denise Phé-Funchal y que se publicó el viernes 5 de octubre de 2010 en el Diario de Centro América.




¿Sientes una identidad generacional con los escritores guatemaltecos contemporáneos tuyos? ¿Qué los identifica? ¿Qué les preocupa? ¿Qué motivos abrazan?

Quizá, y en todo caso me animaría a hablar de quienes crecimos en la ciudad, estuvimos expuestos a más o menos las mismas influencias. La guerra, el cambio hacia un sistema democrático, el embate de la cultura gringa a través de la televisión –con el cable especialmente– y la música, las mismas caricaturas y telenovelas, el crecimiento de las iglesias evangélicas, el aparecimiento del VIH, cambios importantes en los roles de género, los primeros centros comerciales… más o menos podríamos decir que fuimos testigos y receptores de un mundo que cambiaba, un mundo en el que las ideologías morían, o al menos se transformaban, en el que las causas se multiplicaron y los juegos políticos cambiaron. Fuimos testigos, de alguna manera, del desencanto y de la magnificación de las apariencias, es decir, de este juego perverso en el que, por un lado, vivimos en un sistema político que no funciona y en una realidad que se vuelve cada vez más violenta pero que, por el otro lado, nos ofrece, para todo el que quiera o pueda costearlo, la felicidad a través de lo material. Más ahora que en cualquier otro momento de la historia. A nivel local, pues crecimos con gobiernos democráticos, que son todo, menos eso. A diferencia de otras generaciones, lo político no se convirtió en una preocupación, al menos no por el lado de la militancia, pero ciertamente es un tema quizá general entre la generación a la que pertenezco. No lo político como práctica, sino las consecuencias de lo político, las consecuencias en la realidad social.

¿Por qué el diálogo intergeneracional entre los escritores guatemaltecos se ha vuelto tan dificultoso?

Las ideas de la felicidad, del mundo, de lo humano, de lo correcto, de lo justo, de lo social, cambiaron. Somos aquellos que se supone somos más libres, que no debemos luchar por obtener esa libertad u obtener derechos. Crecimos en esa apertura y quizá hemos perdido algo que para las generaciones anteriores fue esencial: la ideología y la práctica política. Quizá de esto nazca una especie de rechazo entre generaciones o al menos forma un campo magnético, podríamos decir, que hace que la relación y el diálogo sean difíciles. Quizá las generaciones anteriores nos ven como una partida de irresponsables en materia de política y quizá lo somos. Y como contraparte de esto es posible que los de ahora los veamos como seres dogmáticos, a veces monotemáticos, y quizá lo sean. El ritmo al cual se mueve y cambia el mundo es parte de esta separación, y las cosas que tienen que decirse no se dicen, no se escuchan, no se buscan. El silencio, casi generalizado, entre generaciones es algo de lo que son responsables los dos lados.

El conflicto armado interno es uno de los hitos históricos que más ha impactado el arte en Guatemala, incluyendo la literatura. ¿Qué piensas de esta afirmación?

Mucho de lo escrito en Guatemala está ligado al conflicto armado. Hay cuentos, novelas, poemas que lo toman como tema. Muchos escritores guatemaltecos, que lo vivieron y que no lo vivieron, lo han trabajado a profundidad. Aún queda mucho que decir y seguramente será un tema que tengan en común varias generaciones de escritores. Hay quienes han escrito sobre este desde una experiencia personal y otros a través de relatos de terceros, o del imaginarse lo que pasaba, lo que podía ser dicho o vivido. La guerra es un tema eterno, es donde juegan las pasiones humanas. Por eso es tan atractivo.

Tu generación literaria ¿se encuentra distante de la historia de Guatemala? ¿Se trata de una generación a-histórica?

Uy no, al contrario. En lo personal me gusta pensar que somos una generación informada, o que al menos tiene a su alcance mucha información, y esto permite que podamos construir una versión de la historia pasada, pero que también podamos describir la historia que se genera en el día a día. Somos narradores de lo cotidiano. En este sentido podría decirse que todo escritor es a-histórico cuando escribe sobre su época, cuando la describe, o cuando imagina lo que pasará.

¿Está presente el erotismo en tu obra?

Sí, el erotismo es parte de lo que escribo. No como tema principal, pero sí como parte de una trama o de una historia, cuando lo requiere. Está tan presente como presente está la muerte, el amor, la maldad, la empatía, la locura, el desencanto.

¿Crees que, en términos generales, la literatura guatemalteca se abre al erotismo? ¿O es una literatura castrada?

Vaya, esta es una pregunta complicada. Hummmm… creo que el erotismo ha estado presente siempre, explícitamente o no, a través de la descripción directa o a través de los silencios en las obras, de lo que se critica –desde el autor o del personaje– sobre tal o cual acto considerado erótico. Por otro lado, creo que el sexo, quizá más que el erotismo, sí está presente en las obras de los escritores contemporáneos. Pero creo importante mencionar que la descripción y enfoque de los actos sexuales o de los actos eróticos en la literatura están mediados por la forma como el autor ve –y quizá vive– la sexualidad y según los personajes o las historias lo requieran. La literatura no es castrada. Quizá lo que la caracterice actualmente es que plasma una imagen más cruda, y tal vez más real y menos romantizada, de las relaciones sexuales.

¿Y el erotismo femenino? ¿Crees que es una expresión subversiva en un país fundamentalmente machista? ¿Molesta el erotismo femenino en la literatura escrita por mujeres?

Uyyyy, vaya pregunta, jajajajaja…. Mirá, por experiencia puedo decirte que, más que ser visto como un acto subversivo, es visto con morbo, con curiosidad. Quizá quienes lo sienten subversivo sea la población más vieja, que de verdad, por cultura y crianza, consideren la sexualidad de las mujeres como algo de lo que no hay que hablar. Pero esto no es tan común entre los más jóvenes, al menos no entre el círculo de escritores y lectores.

¿Cómo funciona el humor en tu obra? ¿Crees que puedes hacer algún comentario en relación con el humor de tu generación literaria?

Como humor negro, bastante perverso, y más a través de la poesía que de la narrativa. Más que usar el chiste directo, me río de la condición humana. En cuanto a mi generación literaria, creo que, como en lo demás, somos una generación diversa, que se ríe cada uno a su modo de lo que ve. Algunos usan el humor directo para hacer reír a sus lectores, y otros, humores más sutiles, más negros o más dulces e inocentes.

La muerte violenta parece ser omnipresente en Guatemala. ¿Cómo ha impactado esta presencia ominosa en tu obra? ¿En la literatura guatemalteca?

No plasmo directamente las muertes de camionetas, las balaceras, los aún presentes crímenes políticos. Me voy más a la muerte violenta que no se ve todos los días, a la que sucede en espacios más cerrados, más privados, que no aparece tanto en los medios de comunicación, la que quizá no vende. Es imposible escapar de ella. Sobre ella se escribe en países mucho más seguros y tranquilos. Lo que pasa es que acá tenemos exceso de ejemplos, sobredosis de inspiración.

¿Es la guatemalteca una literatura con capacidad para la fuga? O bien, ¿estamos demasiado cerca de nuestra historia y crisis sociales?

¡Claro que tiene capacidad para la fuga! Para dos tipos de fuga. Primero, para hablar y pensar en cosas distintas a lo que sucede en el día a día, en nuestras crisis sociales y las historias particulares –o historia– que forjamos como pueblo. Existe la capacidad de crear fuera de las crisis y la historia. De lo que no podemos escapar es de lo humano, de sus pasiones, y eso hace que pueda darse la fuga en el segundo sentido, en el de que algunos escritores locales o conocidos en Guatemala nada más puedan en algún momento fugarse de esta realidad, del país si lo querés ver así. Quizá darse cuenta de que el ser humano es lo mismo en todas partes. Más o menos crudo, pero el mismo. Lograr transmitir eso, esa humanidad de lo local, puede ser la clave para la fuga definitiva.

¿Cómo se escapa la literatura guatemalteca? ¿Qué se esconde bajo la sinuosidad del escape?

¿De la realidad general y las crisis locales? Se escapa hablando de lo cotidiano… y al revés… Y ¿qué se esconde bajo el escape…? No creo que sea cobardía ni irresponsabilidad social ni nada por el estilo… Bajo el escape se esconde el autor. Sus intereses y manera de ver la vida, de vivirla, sus miedos y su forma de lidiar con ellos. Bajo el escape se esconde la literatura.

¿Qué voz no se ha escuchado en la literatura guatemalteca? ¿La de la mujer?

Creo que lo que se ha escuchado es la voz de quienes escriben y que han tenido la oportunidad de publicar, sea cual sea su sexo biológico, su adscripción política o su procedencia étnica. Y la publicación tiene por lo menos tres modalidades en el país: artesanal, autopublicación o, si tenés suerte, lográs que una editorial te haga caso. Pero es complicado, a pesar de que en números pueda haber crecido un poco la producción y que se haya dado una apertura a representantes de grupos de población. No hay que olvidar que vivimos en un país de no lectores y, por lo tanto, de sordos, en el cual la publicación no es siempre un negocio rentable. Eso sí, la mayoría de publicaciones en Guatemala son de literatura masculina, para llamarla un poco parecido a como se llama a lo escrito por mujeres. Quizá hay menos interés por parte de las editoriales, quizá son menos las mujeres que se acercan a estas, o quizá es que te toca hacer cola detrás de los hombres.

¿Ven los jóvenes escritores esperanza en la literatura guatemalteca contemporánea?

Somos una generación de desencanto, y creo que es bajo ese desencanto que transmitimos –deliberadamente o no– la esperanza. Más que dar discursos sobre el debería, plasmamos lo absurdo, lo violento, lo crudo de la realidad política y social que como seres humanos forjamos. Quizá esperando, quizá no, que esto sacuda a la gente, al menos a la poca gente que lee.

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