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martes, 8 de mayo de 2012

Desapariciones forzadas masivas en Chichicastenango y San Sebastián Lemoa


Caso ilustrativo No. 54
Desapariciones forzadas masivas en Chichicastenango y San Sebastián Lemoa “El caso de los camiones”

Cuando en la memoria colectiva de un pueblo cobra nombre propio una situación vivida, no sólo se evidencia el impacto que el hecho dejó en la comunidad, sino también imprime mayor veracidad a los testimonios. Esto es lo que sucede con “El caso de los camiones” (CEH).


I. ANTECEDENTES

Santa Cruz del Quiché es la cabecera departamental de Quiché. A sólo 18 kilómetros al sur se encuentra Chichicastenango, relevante centro religioso y comercial del mundo maya y cabecera del municipio del mismo nombre, San Sebastián Lemoa es una de las aldeas del municipio de San ta Cruz del Quiché, a la que pertenecen seis caseríos: Chicabracán, Chical-té, Cucabaj, Pacajá, Pachó y Paxcalté.

A finales de la década de los setenta, una de las características de San Sebastián Lemoa y su entorno fue la existencia de varias organizaciones sociales, entre ellas el Comité de Unidad Campesina (CUC), las Ligas Campesinas, los Comités de Desarrollo, etc. Un declarante afirma: “…Mucha gente de Lemoa estaba organizada, unos 300 o 400”.

A partir de 1980 el Ejército comienza a tomar mayor iniciativa en la lucha contrainsurgente, dando prioridad a las acciones tendentes a la eliminación de cualquier plataforma de apoyo a la guerrilla.

A finales de 1981 el destacamento militar de Chupol, creado por la Fuerza de Tarea Iximché en el municipio de Chichicastenango, era un eslabón fundamental en esta estrategia.

Entre la segunda mitad de 1981 y la primera de 1982 las masacres se sucedieron en la zona. En febrero de 1982 comienza la aplicación de la denominada política de “tierra arrasada”.

Antes de ocurrir el “caso de los camiones” un declarante cuenta: “…También había gente de la guerrilla; algunos estaban escondidos desde hacía días en el monte … pues tenían aviso de que el Ejército podía llegar. Ya habían pasado [los militares] por otros lugares. Había gente que contaba que el Ejército, primero se había entrado en Chichi [Chichicastenango] y en otros cantones. Los de Pachó Lemoa, que no se habían querido ir, estaban con pendiente [en alerta]. No se querían ir, pues tenían sus siembras; ya vendría la cosecha, sus animales, sus cosas…”

Cuando en la memoria colectiva de un pueblo cobra nombre propio una situación vivida, no sólo se evidencia el impacto que el hecho dejó en la comunidad, sino también implica mayor veracidad a los testimonios. Esto es lo que sucede con “El caso de los camiones”.


II. LOS HECHOS

En el mes de mayo de 1982, en los tres días de mercado (9, 16 y 20), miembros del Ejército en un número que superaba los 50, acompañados de personas vestidas de uniformes militares y con los rostros cubiertos, llegaron a la plaza de Chichicastenango. Allí, estos últimos señalaron a las víctimas. Capturaron y subieron a camiones de carga alrededor de 150 personas: mujeres, hombres y niños. Un grupo de mujeres fue conducido a la cárcel del pueblo y quedó en libertad a los cuatro días. El destino de las otras víctimas se desconoce.

El hecho de que las detenciones de Chichicastenango se practicaran un día de mercado, en la plaza de la cabecera municipal, a la salida de la celebración eucarística dominical, para ser precisos en el momento en que la plaza rebosa de gente, no fue casual. La primera finalidad, tal vez práctica, fue encontrar reunida a la mayor parte de las personas que estaban buscando. La segunda, estratégica, dejar constancia de la detención masiva ante un número poco habitual de testigos, desencadenando en ellos un proceso de descontrol individual y social que terminara en un atemorizamiento ejemplificador. Algo similar puede afirmarse sobre lo acontecido en San Sebastián Lemoa.

Pocos días después, también un día de mercado (25 de mayo), un alto número de miembros del Ejército realizaron un operativo similar en San Sebastián Lemoa. Aunque el grueso de las víctimas fue capturado en el mercado, a otras las detuvieron en sus casas. Todas las víctimas, entre ellas mujeres, hombres y niños, en total no menos de 150 personas, fueron llevadas en camiones y posteriormente desaparecieron.

Tanto en el caso de Chichicastenango como en el de San Sebastián Lemoa, se presume que el destino final de los detenidos fue el destacamento de Chupol.


Las víctimas

“Fuerzas del Ejército llegaron a Chichicastenango alrededor de las nueve de la mañana. Una vez en el mercado comenzaron a agarrar a los vecinos de cantones de Santa Cruz del Quiché, tales como Lemoa, Chicabracán, Cucabaj y otros”.

Chichicastenango fue el lugar donde se hizo sentir con más rigor la crueldad de esta acción selectiva. Sin embargo, no eran todos sus habitantes los buscados, sino otras personas que llegaban a la plaza los días de mercado, en particular los de la aldea de San Sebastián Lemoa y sus caseríos. Eso es lo que constatan los testigos: “Había gente de San Sebastián Lemoa, pero de diferentes cantones, Chicabracán, Cucabaj, Chicalté, Pachó”. También hubo capturados de Chontalá y Mactzul, cantones del municipio de Chichicastenango. Ninguno de los 42 desaparecidos, identificados por la CEH, vivía en Chichicastenango.

En cambio, en San Sebastián Lemoa, las víctimas sí pertenecían a la aldea. “Como quedó gente que no se llevaron [hace referencia a los capturados en Chichicastenango], regresaron a buscarlos”.

El nombre con el que popularmente se conoce este suceso, “Caso de los camiones”, surge del hecho que los militares se movilizaron en este tipo de vehículos, según lo indican testigos:

“Era un domingo. Terminó la misa en la iglesia de Chichicastenango. Manuel y su esposa se fueron a realizar unas compras al mercado. Allí estaban cuando llegaron dos hombres enmascarados vestidos de verde olivo y dos soldados fuertemente armados. Un hombre enmascarado señaló a Manuel. Los soldados lo capturaron y se lo llevaron para tras de la iglesia donde había un camión. Lo subieron junto con otras personas. No se sabe para donde se lo llevaron”.

“El Ejército, al llegar al mercado, exige la cédula de vecindad de cada uno de los vecinos y las confronta con un listado que llevan los soldados. En el listado aparece el nombre de la presente víctima, lo detienen y se lo llevan a un camión que el Ejército tiene estacionado en una de las calles de ese municipio, en el camión se encuentran muchas personas”.

“Ese día don Gabriel se encuentra vendiendo en el mercado de Chichicastenango. Los soldados llegan directamente hacia esta persona y sin explicación alguna lo sujetan entre dos soldados, amarrándole las manos hacia atrás … Al detenido lo conducen a una de las calles de este pueblo en donde se encuentra estacionado un camión. Ahí lo suben encontrándose con un número indeterminado de detenidos”.

En relación al número de efectivos militares que intervinieron un declarante menciona: “Llega un pelotón del Ejército y directamente se dirige al lugar en que [la víctima] se encuentra vendiendo, y ante la mirada de muchas personas, se la llevan”. Otro refiere un número aproximado: “…Eran entre 60 a 70 soldados y patrulleros …” Finalmente otro declarante habla de “…la llegada de alrededor de 100 soldados que venían en dos camiones…”

El operativo en Chichicastenango y San Sebastián Lemoa no fue semejante a otros cometidos en la zona, en que “el Ejército enviaba tropas de destacamentos ajenos a la zona militar de Quiché”. En este caso, para llevar a cabo el operativo se sirvieron, además, de colaboradores in situ, delatores, con la finalidad de capturar a las personas seleccionadas. Como los delatores no debían ser reconocidos por las víctimas, no sólo estaban vestidos de verde olivo, sino que también tenían el rostro cubierto. En versión de la gente, “los enmascaran” para que no se les pueda identificar.

En los operativos llevados a cabo en Chichicastenango y en San Sebastián Lemoa participaron asimismo miembros de las Patrullas de Autodefensa Civil (PAC). Estos patrulleros, “…quienes también vestían de pinto…” “fueron los que se encargaron … de ir con los soldados señalando gente y casas”.

“Los policías que estaban en la cárcel les indicaron [a las mujeres detenidas] que habían sido señaladas por cinco delatores. Cuando les dieron las características físicas de los vecinos, se dieron cuenta que eran patrulleros de Pachó Lemoa”.

Un testigo originario de San Sebastián Lemoa y que conoce a sus habitantes no duda en reconocerlos como lo que son, vecinos: “Su mamá estaba en el mercado pero logró llegar a su casa, donde llegó el Ejército y los vecinos [los patrulleros] a sacar a su mamá en un camión”.

Todos los declarantes aluden a un grupo numeroso de personas:

“Los soldados subieron al camión a hombres, mujeres y niños”.

“Había en tres camiones mucha gente, hombres, mujeres, patojos, incluso mujeres embarazadas que dieron a luz en el camión”.

“Lo detienen y se lo llevan al camión … en el camión se encuentra con muchas personas…”

“Al detenido lo conducen por una de las calles de este pueblo en donde se encuentra estacionado un camión. Allí lo suben, encontrándose con un número indeterminado de detenidos”.

“Lo llevaron para atrás de la iglesia donde había un camión, lo subieron junto con otras personas”.

En San Sebastián Lemoa, un declarante menciona que las víctimas pudieron ser 60, entre mujeres, niños y ancianos. Otro indica: “…Llenaron dos camiones de gente…” y calcula que pudieron ser en total unos 150. Mientras, un tercero indica: “…Había en tres camiones mucha gente, hombres patojos, incluso mujeres embarazadas…”

Respecto al número de víctimas en Chichicastenango, considerando que las capturas se realizaron en tres fechas diferentes, los declarantes señalan un número que oscila entre las 150 y las 175. Otro declarante dice textualmente: “Luego de capturar alrededor de cincuenta personas…” Martín Chich, sobreviviente ya fallecido, quien logró escapar, comentó en su comunidad sobre una estimación de 125 personas. En cambio, otra víctima que fue dejada en libertad habla de entre 40 y 50 hombres.

La CEH pudo identificar a 42 víctimas, entre detenidos y desaparecidos. El número total no ha podido ser precisado. Sin embargo, si se toma en cuenta el impacto que los hechos dejaron en la memoria del pueblo, debe aceptarse que el número total de las víctimas fue mucho mayor.

Las mujeres

No todas las mujeres capturadas desaparecieron.

“Se llevaron a hombres y mujeres en un camión, pero como no todos cabían en el camión, se llevaron a algunas mujeres a la cárcel”.

Veinte mujeres fueron conducidas a la cárcel de Chichicastenango. Allí fueron maltratadas psicológica y físicamente durante cuatro días. Al menos una joven fue objeto de violación sexual. Una de las detenidas dice:

“…Estaba vendiendo frijol y maíz en el mercado, cuando fui agarrada por soldados junto con otras 20 o 25 mujeres de distintos cantones como Pacajá, Chicabracán y Pachó Lemoa [y que] estuvimos cuatro días detenidas en la cárcel de Chichicastenango … Una señorita de Chicabracán fue violada sexualmente por un policía”.

Otro declarante afirma: “Las mujeres que no fueron llevadas en el camión, fueron llevadas a la cárcel de Chichicastenango, donde había un total aproximado de veinte mujeres de diversos cantones de Santa Cruz. Las detenidas fueron liberadas al jueves siguiente”.


Los niños

Los testimonios sobre la captura de niños indican que los militares no discriminaron entre adultos y menores. Según un testigo de referencia:

“íbamos en camiones … La orden era sacar información, a los niños darles con garrote en la cabeza, matarlos con garrote, capturar a algunos y traerlos al destacamento de Chupol … Hay muchos enterrados allá”. Unos 40 niños fueron retenidos, para ser entregados en adopción o venta a extranjeros.

El destino de las víctimas

“Se cree que el grupo que iba en los camiones fueron llevados (sic) al destacamento militar de Chupol, en el municipio de Chichicastenango, del cual era responsable la zona militar 20 del Quiché”.

Otro testigo relata sencillamente lo que vio: “El camión del Ejército se retira del pueblo tomando rumbo a la salida que se dirige hacia Los Encuentros [dirección hacia el destacamento de Chupol]”. La información más generalizada fue que los camiones partieron rumbo a Chupol. Sin embargo, otros declarantes manifestaron su desconocimiento sobre el lugar al que fueron conducidas las personas capturadas.

Según narra otro testigo: “Los vecinos que se dieron cuenta de la detención, suponen que se los llevaron al destacamento militar de Chupol. Sin embargo, nadie lo puede asegurar, ya que nadie los siguió”.

El supuesto de que los detenidos fueron conducidos a Chupol está fundado. Sin duda, la gente dice tener conocimiento de que “…en Chupol hay un cementerio clandestino [donde] enterraron a 400 o 500 personas. Mucha gente [lo] sabe, pero tiene miedo porque todavía está el destacamento”.

Un sobreviviente, que fue llevado a Chupol y pudo ser entrevistado por la CEH, relata: “Después de juntar alrededor de entre 40 a 50 personas los soldados se retiran con los capturados, dirigiéndose para el destacamento militar, ubicado en el cantón Chupol del municipio de Chichicastenango. Al llegar al destacamento, los soldados ya tienen preparados lazos para amarrar a cada uno de los detenidos, los introducen en el destacamento, colocándoles acostados boca abajo y en fila. Luego un pelotón de soldados pasa corriendo sobre cada una de las víctimas … Constantemente a todos los detenidos los someten a torturas y les interrogan sobre la actividad que cada uno realiza. Después son llevados a una gran zanja en donde son colocados a empujones … Los soldados se orinan sobre ellos, lanzando gritos y carcajadas. Un soldado le dice: ‘Que se vaya a la mierda de inmediato, de lo contrario lo vuelven a meter a la zanja’ …”

En cuanto a las demás víctimas se ignora si fueron conducidas al destacamento de Chupol.


Desaparición forzada o ejecución

Hasta la fecha, todas las víctimas se encuentran desaparecidas.

“Algunas personas dicen que se los llevaron al destacamento de Chupol. Lo cierto es que nunca más se supo de ellos”.

“Ese día mucha gente, al igual que la presente, son llevadas por el Ejército, sin que se sepa dónde”.

“Los vecinos que se dieron cuenta de la detención, suponen que se los llevaron al destacamento militar de Chupol; sin embargo nadie lo puede asegurar, ya que nadie los siguió”.

“Desde entonces, se encuentran desaparecidos. Ya nunca más regresaron”.

El único sobreviviente entrevistado de los conducidos a Chupol no fue testigo de ninguna ejecución: “En cuanto a las demás víctimas [las detenidas con él] se desconoce qué pasó con ellas”. Incluso, dice que pudo ver “una zanja donde hay muchos huesos”, pero nada más.


III. CONCLUSIONES

La CEH ha llegado a la convicción de que, durante el mes de mayo de 1982, efectivos del Ejército de Guatemala, con la colaboración de miembros de las PAC de San Sebastián Lemoa, violaron el derecho a la libertad personal de pobladores de comunidades de los municipios de Santa Cruz del Quiché y Chichicastenango, al detener arbitrariamente a un número no inferior a 300 personas, entre hombres y mujeres, niños y ancianos, 40 de ellas plenamente identificadas, como parte de una acción previamente decidida por el mando militar respectivo.

Asiste a la CEH la presunción fundada de que la mayoría de las víctimas, cuyo paradero se desconoce, fueron víctimas de ejecuciones arbitrarias, en violación de su derecho a la vida.

La CEH ha llegado, también, a la convicción de que, con motivo de estos hechos, un grupo de veinte mujeres arbitrariamente detenidas por los mismos efectivos del Ejército fueron maltratadas psicológica y físicamente por elementos de la Policía Nacional y que, al menos una, fue objeto de violación sexual, vulnerándose su derecho a la integridad personal.

La CEH considera que este caso ilustra la práctica de capturas y desapariciones selectivas, pero que afectaron a un gran número de personas, sin discriminar género ni edad, realizada por el Ejército de Guatemala como parte integrante de la lucha contrainsurgente en la década de los ochenta.

Estas acciones, que no tienen justificación ni siquiera en el contexto de un enfrentamiento armado interno, evidencian, además, la impunidad con que podían proceder los agentes del Estado.


LISTADO DE LAS VÍCTIMAS

Desaparición forzada
Carlos Salvador Riquiac
Diego Luarca
Emiliana Martín Cuy
Fabian Luarca
Felipe González
Francisco Luarca
Gabriel Morales Pantoj
José Ventura
Juan Morales Pérez
Juana Tiño
María Luarca
Martín González
Martín González Pérez
Mateo González González
Nicolás Zapeta
Olivia Riquiac Martín
Petrona Luarca
Ramon Ventura
Salvador López
Salvador Tiño
Sebastián Gomez
Sebastián González
Tomás Panto Morales
Tomás Pérez Quino
Tomás Pérez Tol
Tomás Riquiac Cuin
Tomasa Grijalba


Desaparición forzada, torturas
Josefa Tiño
Juana Tenojan
Manuel Tipaz Mas
Santos de León Gonzales

Desaparición forzada, tortura y otras violaciones
Sebastián López de León


Tortura, privación de libertad
María Luarca Chicoy
Julio Gámez
Sebastiana Hernández López
Martín Chich
Tomás Pérez Pérez
Vicente Cruz
Juan Tipaz
Hermana de Vicente Cruz


Víctimas colectivas/desconocidas: 261


Fuente: CEH, Guatemala memoria del silencio.

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