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martes, 13 de noviembre de 2012

Desaparición forzada de miembros del Sindicato Azucarero del Ingenio Pantaleón


Caso ilustrativo No. 109
Desaparición forzada de miembros del Sindicato Azucarero del Ingenio Pantaleón

“Nadie quiso aceptar los cargos de los desaparecidos y los que quedaban en el sindicato renunciaron”.


I. ANTECEDENTES
Entre 1974 y 1980 creció el movimiento sindical en la Costa Sur de Guatemala. En la huelga cañera de 1980 se reflejó la capacidad organizativa de los sindicatos, que se aliaron para mejorar las condiciones laborales y sociales de los trabajadores. Eran años en que el Estado consideraba como “subversivos” a los sindicatos. En consecuencia, se procuró eliminarlos, de tal forma que sus líderes fueron perseguidos e incluso desaparecidos. El resultado final fue la disolución de los sindicatos en la zona. Uno de los sindicatos que jugó un rol importante en las reivindicaciones obreras fue el del ingenio Pantaleón. El presente caso es parte de su historia.
El ingenio azucarero Pantaleón fue el más grande de Guatemala. A mediados de los setenta laboraban en sus fincas tres tipos de trabajadores: los rancheros o trabajadores permanentes, que vivían en las fincas; los trabajadores voluntarios, que tenían carácter temporal en la región; y los cuadrilleros, que eran trabajadores del Altiplano indígena que bajaban a la Costa contratados por los intermediarios. Las condiciones laborales de unos y otros diferían. Los rancheros tenían un lugar permanente donde vivir, ganaban un jornal durante todo el año, tenían vacaciones pagadas, seguro social y aguinaldo. Los voluntarios y cuadrilleros no tenían ningún beneficio laboral, trabajaban sólo cuatro o cinco meses y luego se trasladaban de finca en finca buscando trabajo. A un voluntario se le podía despedir con facilidad o no volverlo a contratar. Por esta razón, a los finqueros les convenía disminuir el número de rancheros.
El Sindicato de Trabajadores Azucareros del Ingenio Pantaleón existía desde el tiempo de Arbenz. Con la llegada al poder de Castillo Armas, los líderes fueron perseguidos, algunos detenidos y torturados. El sindicato dejó de funcionar por un período de tiempo, pero luego se reorganizó. En 1980, de los 500 rancheros que trabajaban para el ingenio, 318 estaban afiliados al sindicato.
En la década de los setenta el sindicato formaba parte de la Central Nacional de Trabajadores (CNT) y fue uno de los grupos fundadores de la Federación de Trabajadores Unidos de la Industria Azucarera (FETULIA). La CNT y FETULIA, con sus sindicatos de base y otras organizaciones, como el Comité de Unidad Campesina (CUC), formaban parte del Comité Nacional de Unidad Sindical (CNUS). La FETULIA integraba a todos los sindicatos de los ingenios azucareros de Escuintla, Santa Lucía Cotzumalguapa, y Palo Gordo en Suchitepéquez. A finales de los setenta estas instancias unitarias coordinaban las medidas orientadas a reivindicar derechos laborales de los trabajadores de la Costa Sur. Los trabajadores demandaban alzas salariales, prestaciones sociales según marcaba la ley y mejores condiciones generales de trabajo.
Como contrapartida, los finqueros y empresarios se negaban a atender los reclamos de los trabajadores, pretendían desalojar a los rancheros de sus viviendas en las fincas y acusaban a la organización sindical de pertenecer a la guerrilla.
Los sacerdotes de la Congregación del Inmaculado Corazón de María y el obispo de Escuintla mencionaban con frecuencia en sus homilías las condiciones infrahumanas de vida y de trabajo a las que eran sometidos los trabajadores agrícolas, en particular los cuadrilleros indígenas. Por sus denuncias, muchos sacerdotes fueron víctimas de la represión estatal.
El Sindicato del Ingenio Pantaleón venía desarrollando medidas de presión sindical desde principios de los años setenta. En 1976 el intento de suscribir un pacto colectivo de trabajo, derivó en una huelga. Este conflicto, en cuya evolución el sindicato contó con la asesoría del licenciado Mario López Larrave, tuvo resultados negativos para los trabajadores, debido a las maniobras legales de la empresa y el respaldo que ésta encontró en el Ministerio de Trabajo. En 1977 los trabajadores del ingenio Pantaleón, junto con otros de la Costa Sur, apoyaron la marcha de los mineros de Ixtahuacán.
A finales de los setenta se editaba un periódico sindical que se llamaba Zafra y se distribuía en los cañaverales llamando a los trabajadores temporales a organizarse.
La gran huelga cañera de febrero y marzo de 1980 unió a más de 70 mil trabajadores de la Costa Sur y casi todos los ingenios fueron ocupados. El sindicato del ingenio Pantaleón fue uno de los puntos donde los trabajadores se concentraron. En el transcurso de los hechos, un trabajador voluntario murió en la puerta del ingenio, por un disparo de un agente de la Policía Militar Ambulante (PMA). Como resultado de la huelga se logró el aumento del jornal a 3.20 quetzales.
El sindicato convocó también una huelga para lograr la dimisión del administrador del ingenio Pantaleón, que era un reconocido antisindicalista. Para lograr dicho objetivo, los trabajadores paralizaron el ingenio e hicieron una caminata al edificio central ubicado en las instalaciones del ingenio.
Muchos finqueros pagaban por el servicio de la Policía Militar Ambulante, que resguardaba la seguridad de las empresas. Además, en varios ingenios, incluido Pantaleón, existía seguridad privada. Uno de los fines que planteaba la presencia de los agentes de seguridad era controlar los movimientos de los trabajadores, en particular los afiliados al sindicato. Los jefes de seguridad eran comúnmente miembros retirados del Ejército. En el caso del ingenio Pantaleón, el jefe de seguridad cuando ocurrieron los hechos, era el capitán del Ejército Leonel Nájera, quien tenía vínculos cercanos con la zona militar de Santa Lucía Cotzumalguapa. Un declarante ante la CEH afirma que miembros de esta zona militar “entraban a la finca a traer gasolina que la empresa le regalaba”. Dentro de la finca existían, además, comisionados militares que cumplían el rol de “orejas”. Algunos declarantes ante la CEH afirman que en Pantaleón existía una cárcel clandestina.
En los años setenta el sindicato consiguió varias mejoras para los rancheros: medicinas pagadas, atención médica, ración (una entrega mensual de 20 libras de azúcar, 20 libras de maíz, dos libras de frijol, sal y cal) y útiles escolares.
La estrategia patronal en relación con los sindicatos varió con el paso del tiempo. En un primer momento, tuvo como objetivo debilitar a los sindicatos, utilizando para ello una variedad de métodos: ofertas de trabajo a los hijos de los afiliados a cambio de que éstos se retiraran del sindicato, ofrecimiento de premios a los que renunciaran al mismo. Se menciona, por ejemplo, que se prometían casas bajo la condición de renunciar al sindicato.
En un segundo momento, la política patronal promovió la represión sistemática de los líderes sindicales y de sus organizaciones. Los patronos acusaban a los sindicalistas de tener vínculos con la guerrilla. Las negociaciones colectivas se hicieron largas y dificultosas, mientras que los líderes sindicales desaparecían. Los sindicatos dejaron de ser representativos y los pocos líderes que quedaban tenían miedo. Los rancheros eran cada vez menos. Un ex ranchero cuenta que “uno de los ejes principales del conflicto era que la patronal quería sacar afuera del ingenio a los rancheros. La empresa decía que quería ampliar la cosecha y necesitaba el lugar que ocupaban los rancheros”.
Por otra parte, en las patronales se elaboraron listas que contenían los nombres de las personas que los finqueros consideraban conflictivas y se daba aviso a otras fincas para evitar que se les diera trabajo.
El sindicato de Pantaleón fue uno de los últimos que sobrevivió a la ofensiva patronal.

II. LOS HECHOS
En 1983 el sindicato contaba con apenas 35 afiliados y sólo cinco personas ocupaban cargos en la Comisión Directiva. Nadie quería cubrir las vacantes y los que desempeñaban los cargos rotaban entre ellos, al objeto de poder mantener el sindicato. Las amenazas contra sus vidas eran constantes, derivadas de la acusación de tener vinculaciones con la guerrilla. Además, se sospechaba que en el sindicato había un miembro infiltrado, contratado por la empresa para que pasara información a los finqueros.
El 12 de noviembre de 1983, en ciudad de Guatemala, hombres armados vestidos de civil que se desplazaban en vehículos sin identificación y con vidrios polarizados, detuvieron a José Julio Cermeño Reyes, asesor del sindicato del ingenio Pantaleón y miembro de la comisión de organización de la CNT, cuando se dirigía al encuentro de la comisión directiva del sindicato. Hasta la fecha se desconoce su paradero.
El 27 de noviembre de 1983, hacia las seis de la mañana, José Luis López Bran y Miguel Angel Gómez, integrantes de la última comisión directiva del Sindicato de Trabajadores Azucareros del Ingenio Pantaleón, se aprestaban a tomar un autobús para ir a una reunión sindical, cuando fueron interceptados a las puertas del mismo ingenio por personas que ocupaban vehículos con vidrios polarizados. Los agresores, vestidos de civil y portando armas, encañonaron a los sindicalistas y los introdujeron en los automóviles. Luego, partieron con rumbo desconocido sin que hasta hoy se conozca la suerte corrida por las víctimas del secuestro.
La noticia de lo acontecido se difundió con rapidez por las instalaciones del ingenio, llegando a la “ranchería”, donde vivían las víctimas con sus familias. Los familiares trataron de obtener información sobre el paradero de sus seres queridos, pero resultó en vano. Días después, miembros del Ejército registraron la casa de un familiar de las víctimas.
Miembros del sindicato realizaron gestiones ante el Ministerio de Trabajo, el Ministerio de la Defensa y la Policía Nacional de Santa Lucía Cotzumalguapa, pero nadie les dio explicación ni pista alguna.
Luego de las desapariciones se realizó una asamblea con los sindicalistas que permanecían activos llegándose al acuerdo de que el resto de la comisión directiva debía abandonar el ingenio, porque existía el riesgo de que corriera idéntico destino.

III. DESPUÉS DE LOS HECHOS
En 1983 todos los sindicatos azucareros de base fueron descabezados.
El 2 de febrero de 1984 otro asesor del sindicato del ingenio Pantaleón resulta víctima de secuestro. Lo capturan en la zona 1 de la capital, cuando iba a reunirse con miembros de la CNT. Lo torturan durante 17 días, en un lugar que la víctima identifica como “un cuartel militar, porque oía los cantos de los soldados por las mañanas, mientras corrían”. Es liberado, al parecer, por la intercesión de influyentes amigos de sus familiares. La víctima afirma que los verdugos tenían información sobre la estructura de la CNT y sobre todos sus miembros, dentro y fuera del país. Mientras era torturado con “toques eléctricos”, uno de los torturadores le preguntó: “¿Vos lo conocías a Julio Cermeño? Ese se murió, no aguantó”.
Todos los afiliados del sindicato se retiraron o fueron despedidos del ingenio en marzo de 1984. La justicia laboral no protegió a los trabajadores y favoreció a los empresarios:
“Después del secuestro hubo entre 15 y 20 despidos … [hubo] juicio
de reinstalación, los despedidos eran los que todavía participaban de las asambleas y las reuniones sindicales. En casi todos los cuatro juzgados del trabajo hay expedientes de demandas presentadas a la empresa en esos años. Nunca se reinstalaron los trabajadores, la empresa siempre argumentaba que no reinstalaba porque estaba en quiebra. El juzgado inmediatamente resolvía la quiebra a favor de la empresa y ya era caso cerrado, era una nueva empresa y ya no había nada que reclamar … para resolver una personalidad jurídica del sindicato se tardaban años, pero la empresa podía cambiar de razón social sin ningún problema”.
La patronal estableció el “solidarismo” como forma de organización de los trabajadores afines a la empresa, ofreciéndoles beneficios sociales y mejores condiciones laborales, a cambio de que no volvieran a formar sindicatos.

IV. CONCLUSIONES
Reunidos los antecedentes del caso, la CEH adquirió la presunción fundada de que los líderes y asesores sindicales del Ingenio Pantaleón fueron detenidos y luego desaparecidos por agentes de seguridad del Estado o por particulares que actuaron con su tolerancia o connivencia, violando así gravemente los derechos humanos de las víctimas.
Esta conclusión se refuerza por la consideración de los vínculos que el sector patronal mantenía con las fuerzas de seguridad, en especial la PMA y su colaboración con la política estatal de desarticulación del movimiento sindical que incluyó la eliminación de muchos de sus líderes.
Además, la CEH considera las acusaciones que identificaban a los sindicalistas con la guerrilla y el contexto general en que se desenvolvía la actividad sindical.
En este caso el Estado de Guatemala incumplió, además, el deber de garantizar a las víctimas y a los demás miembros del sindicato del Ingenio Pantaleón, el derecho de asociación.
Del mismo modo, el Estado de Guatemala, en este caso, infringió su deber de investigar y sancionar esta grave violación a los derechos humanos. Por último, la CEH considera que este caso ilustra la represión desatada contra el movimiento sindical en los ingenios azucareros de la Costa Sur.

Fuente: CEH, Guatemala memoria del silencio.

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