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miércoles, 19 de diciembre de 2012

Bombardeos y muerte en Santa Rosa Xeputul, Chajul


Caso ilustrativo No. 58
Bombardeos y muerte en Santa Rosa Xeputul, Chajul
“…Siempre que venía el Ejército, nos íbamos a escondernos en la montaña.

I. ANTECEDENTES
La comunidad de Santa Rosa Xeputul, Chajul, Quiché, es una de las conocidas como Comunidades de Población en Resistencia (CPR) de la Sierra. Antes del período de agudización de la violencia, esta comunidad estaba habitada por campesinos permanentes del lugar. Pobladores de otros municipios también poseían tierras en esta parte de Chajul, algunos de los cuales llegaron a ellas antes de producirse el desplazamiento que originó el enfrentamiento armado en Quiché.
Fue en este marco que la familia de Juan Ceto, originaria de Acul, Nebaj, se trasladó a Santa Rosa Xeputul, para cultivar el terreno heredado de su padre, luego de la muerte de éste en 1981. De la misma forma, la familia de su esposa Rosa Brito, de la aldea Salquil, Nebaj, llegó a Santa Rosa Xeputul, para cultivar los terrenos que sus padres habían adquirido. Asentados en este lugar, decidieron unir sus vidas y formar una familia.
A partir de 1985, debido al desplazamiento interno masivo que en esa década experimentó la región, muchos pobladores permanentes de Santa Rosa Xeputul debieron acoger a los desplazados que iban llegando paulatinamente. Este fenómeno tuvo su culminación en el último trienio de los años ochenta, cuando miles de campesinos mayas ixiles y de otras áreas geográficas del país debieron asentarse en las superficies habitadas por las CPR de la Sierra: Cabá, Santa Clara y Xeputul. Fue en este trienio que sucedieron con especial intensidad las ofensivas del Ejército contra este área de resistencia civil. Pero, como afirma la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, estas ofensivas continuaron hasta el año 1993 e incluían: i) acciones militares intimidatorias contra las comunidades; ii) campañas destinadas a crear antagonismos entre las poblaciones vecinas y las CPR; iii) atentados contra la libertad de locomoción y de comercio; iv) destrucción o apropiación de cosechas; y v) terrenos minados.

II. LOS HECHOS
El bombardeo
El día 19 de diciembre de 1989, a las 11 de la mañana, un avión Cessna A37 B de la Fuerza Aérea Guatemalteca sobrevoló la comunidad Santa Rosa Xeputul de las CPR de la Sierra. No había presencia de la guerrilla en el área. Los habitantes de la comunidad habían dispuesto mecanismos de vigilancia, para prevenir cualquier incursión del Ejército con elementos de infantería; pero nada estaba previsto con respecto a los elementos aéreos.
La inesperada llegada del avión no pudo ser advertida por la totalidad de los pobladores, como para salir a tiempo a los lugares de refugio en las montañas.
En la casa del señor Juan Ceto se encontraban con él su esposa de 15 años, su pequeña hija de nueve meses y otras tres mujeres de 12, 40 y 49 años, todas ixiles. Su esposa había salido a lavar ropa y, al volver, juntó el fuego y calentó tortillas y bebidas para el almuerzo. La hoguera de leña despedía una visible estela de humo.
Advirtiendo la presencia del avión las cuatro mujeres —la madre llevaba consigo a la niña— corrieron a resguardarse tras un árbol ubicado a una cuerda de distancia de la casa. El declarante salió, buscando refugiarse en el mismo lugar, pero ya no cupo: “Cabal estoy en mi casa, como hay un tronco de palo, entonces me fui a esconder abajo con mi esposa. Como tiene su ropa … su huipil y su corte rojo, se ve más con las largavistas de la fuerza aérea … ya vi que estaba llenado debajo del palo, entonces me retiré un poquito, unas dos varas y ahí me quedé en el suelo. Como eran cuatro mujeres … que estaban escondidas en el palo, entonces cabal las vieron la fuerza aérea y lo tiraron la bomba… (sic)”.
A las 11 de la mañana la unidad aérea lanza una bomba de 500 libras: el objetivo es el hogar de Juan Ceto. La bomba devastó dos cuerdas de superficie y provocó un hoyo de seis metros de profundidad. El fuego de la explosión destruyó la casa del declarante, junto con todas sus pertenencias y la milpa, y se extendió al lugar donde se encontraban refugiadas las mujeres.
Al alejarse el avión, el declarante volvió por ellas: “De hecho, la bomba abarcó unas dos cuerdas, cuando estallaron fue como un barranco que hicieron. Me asustó y vi que no está mi esposa, ya está bien llenada por tierra. Lo vi y ya no está”.
Juan Ceto, con el auxilio de varias personas más, comienza a remover la tierra. Al concluir, encuentran los cadáveres de las cuatro mujeres. La pequeña hija sobrevivió al impacto de la bomba y al inmediato resquebrajamiento de la tierra; al morir, la madre amamantaba a su pequeña:
“Las cuatro personas ya estaban muertas. Ya solita mi hija estaba viva todavía, pero poquito nada más. La saqué primero de allí pero sufrieron bastante porque su mamá ya no está. Cabal está mamando mi hija cuando la fuerza aérea pegó; las esquirlas se metieron en la espalda [de mi esposa], salieron sangre de su nariz, boca. Cabal mi hija está mamando cuando se muere mi esposa, saliendo sangre de su nariz y lo tomó mi hija … A mi esposa le entraron unas esquirlas en su espalda y salieron todos [sus órganos] que tiene adentro. Se abrió su estómago y se salieron todos. Lo vi y los metí con mis manos y los amarré a su espalda con una pita (sic)”.
El avión siguió sobrevolando el lugar. El descombro se hizo apresuradamente, por temor a otro bombardeo. Juan Ceto sacó a su pequeña y aguardó hasta el retiro del aeronave. Luego, volvió con los vecinos a rescatar a las mujeres muertas, que fueron enterradas con rapidez en el mismo lugar donde había caído la bomba.
Después del bombardeo en Santa Rosa Xeputul, Juan Ceto quedó con serias lesiones físicas que, hasta la actualidad, le mantienen afectado. Además del impacto devastador de la bomba, quedó en el ambiente un humo contaminante que Ceto aspiró enseguida, debido a lo cerca que se produjo la explosión. Hasta hoy, Ceto se encuentra atemorizado, igual que otros pobladores del lugar:
“[Después de la explosión] tal vez se paró el humo como media hora encima … cuando me levanté rápido, seguramente me tomé los humos o los humos me tomaron y salió en la sangre … cuando cayó [la bomba] lo que yo siento tal vez es que no soy cristiano, que soy puro loco, como animal, ya no soy como cristiano, y ya no podemos hablar del susto pues … quedamos afectados por el bombardeo … cada tres meses … sale sangre de mis narices, a veces de mis orejas, hasta mi vista [a una distancia de] 75 o 100 cuerdas ya no vi si es persona o animal que esta allí … Además cuando hay lluvias, veranos, ya no aguantás a trabajar, sólo unas dos o tres horas aguantás … Ya no pasa el dolor de cabeza, sólo tengo calentura día y noche, ya no se pasa … Ahora me mantengo enfermo por todo lo que yo vi … me duele la cabeza todos los días”.
En Santa Rosa Xeputul murieron cuatro civiles inermes. Otros dos fallecieron ese mismo día en Chaxá, caserío cercano a Santa Rosa Xeputul, a causa de otra bomba arrojada por el avión Cessna A37B.

La huida
La niña de nueve meses quedó afectada por la explosión y por el humo de la bomba que aspiró al momento del estallido. El humo le provocó secreciones oscuras por las vías nasales y en la orina: “…como tomó los humos y salieron en sus narices puro humo negro, cuando orina, puro humo … Siempre la curaron pero como ya no tiene fuerzas, ya está afectada…”
Ante la muerte de la madre, los problemas se multiplican y Juan Ceto debe pedir ayuda a otras mamás: “…Sólo a pedir a algunas mujeres que tenían sus nenes, sólo a dar un poquito de leche cada una. Pero sólo por un momento nada más, no para toda la vida … Después creció otro poquito y tiene que dar un poco de jugo de caña y sólo eso es lo que tomó pero no aguanta, por el hambre o por la bomba que le dañaron…”
Tres días después del bombardeo el Ejército incursionó de nuevo en Santa Rosa Xeputul, esta vez por tierra, lo que obligó a los habitantes de la comunidad a refugiarse en las montañas. Como la incursión se prolongaba, con el fin evidente de acosar y desarticular las CPR, los pobladores se fueron adentrando cada vez más en la montaña, sin poder regresar al lugar donde tenían sus cultivos para la sobrevivencia. Debieron caminar un día, antes de encontrar un sitio apto para sembrar una vez más e instalarse allí. El lugar se llama Batzcanova. Al poco tiempo, efectivos del Ejército llegaron allí y destruyeron sus cultivos. Esta situación, que se repitió, dejó a la gente sin los alimentos necesarios para la subsistencia. Según un testigo, en las campañas psicológicas que acompañaban las incursiones del Ejército, los militares se identificaban como miembros de la Guardia de Honor.
En el curso de estas incursiones y las consiguientes huidas, que se prolongaron por más de ocho meses, la salud de la pequeña hija de Juan Ceto empeoró. Falleció seis meses después del bombardeo en que perdió la vida su madre, a causa de la falta de alimentos y de no ser amamantada. “[mi hija] sólo aguantó seis meses, por el hambre, pues … Como ya no se come nada, además como están los ejércitos allí cortando las milpas y no hay qué comer … hay sólo güisquiles o caña … malanga pero mi niña no come, como no está acostumbrada de esto, sólo quiere mamar pues…”
Finalmente, los soldados dejaron de rastrear en la montaña. Cuando se retiró el destacamento militar, compuesto por unos 125 a 150 soldados que permanecieron alrededor de ocho meses en Santa Rosa Xeputul, los sobrevivientes se reasentaron en su lugar de origen y reiniciaron la siembra y los cultivos para la subsistencia.

III. CONCLUSIONES
Analizados los antecedentes directos del caso y los datos del contexto, la CEH llegó a la convicción de que las cuatro mujeres muertas el día 19 de diciembre de 1989 en la comunidad Santa Rosa Xeputul fueron víctimas de violaciones del derecho a la vida y a la integridad física por miembros del Ejército, adscritos a la Fuerza Aérea.
Además, el ataque a esta población civil inerme, cuando no había presencia del enemigo en el área, carecía de objetivo militar legítimo aun si se estima que aquella población simpatizaba con la guerrilla y, por tanto, constituyó una grave infracción al derecho internacional humanitario cometida por una de las Partes en el enfrentamiento armado interno, en este caso el Gobierno de Guatemala.
A la CEH le asiste, igualmente, la convicción de que la muerte de la menor es resultado de esa violación de derechos humanos.
La CEH considera que el caso es un ejemplo del uso de la táctica del bombardeo contra población civil, que sólo es legítimo aplicar contra un objetivo propiamente militar. La acción no tiene justificación jurídica ni ética, ni siquiera en el supuesto de que dicha población hubiera prestado apoyo político a la otra Parte.
La CEH llegó a la conclusión de que el ataque mediante bombardeos contra los habitantes de Santa Rosa Xeputul, junto a otros hechos, como la destrucción de cultivos y la constante persecución a los desplazados involuntarios, que se prolongó hasta 1989, creando condiciones de vida que pudieran acarrear su muerte, evidencian la intención del Ejército de Guatemala de destruir total o parcialmente a dicha comunidad, lo que otorga al conjunto de estos actos un carácter genocida.

LISTADO DE LAS VÍCTIMAS
Ejecución arbitraria
Cecilia Solís
Elena Rivera
Juana Solís
Juana Solís Matom
María Solís Matom
Pedro Matom

Herido en atentado
María Raymundo Rivera
Pedro Raymundo Raymundo

Víctimas colectivas/desconocidas: 2 

Fuente: CEH, Guatemala memoria del silencio.

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